El expolio de la ermita de San Baudelio (Soria)

por Julio González García | Jun 2, 2022

Al parecer, un comité de la Cámara de Representantes de EEUU se ha pronunciado a favor de apoyar los esfuerzos del secretario de Estado para alcanzar un compromiso diplomático entre Marruecos y España sobre el futuro de Ceuta y Melilla. Lo de menos es saber qué es exactamente lo que está haciendo ese sujeto. Lo realmente preocupante es que estamos en la antesala de un grave problema, aumentado por la prometida venganza de EEUU por la actitud de España con ocasión de la actual guerra del golfo Pérsico.
Forzoso es comenzar por aceptar que la relación con el reino alauita es aparentemente correcta, pero está plagada de tumores, históricos y presentes, por más que el observador quiera y deba apartar todos los apriorismos negativos que entran en el análisis, pero la realidad es la que es y no ofrece motivos para el optimismo. Hay un primer punto que es obligado destacar: aun aceptando que Trump es un tipejo indeseable, es un grave error buscar el enfrentamiento con él, y, de paso, con USA, con el objetivo prioritario de presentarse ante la izquierda española – y Europea, según delira Sánchez - como máximo adalid del pensamiento progresista y de la gallardía ante el imperialismo belicista.
Las consecuencias son fácilmente previsibles, y ahí tenemos la amenaza de supresión de las bases norteamericanas en España, cosa que la progresía de salón, y algunos más de los socios de Sánchez, consideran una gran noticia, sin reparar en que el gran beneficiado puede ser Marruecos, a cuyo territorio pueden ir a parar las bases con todo lo que eso comporta, lo cual no se limita a la pérdida de unos “inquilinos”, sino que va mucho más allá, alterando gravemente la defensa de los intereses españoles.
Pero Sánchez, agobiado por las encuestas desfavorables, tenía que buscar en el baúl recursos propagandísticos y uno era el del “no a la guerra”, que irá acompañado, de aquí a las elecciones generales, del grito “OTAN no, bases fuera”, que estuvo en boga a comienzos de los 80. La probada frivolidad del actual PSOE y su jefe no detendrá el dislate, pues ningún precio para España es demasiado alto si se trata de los intereses electorales inmediatos.
Me he referido a uno más de los disparates sanchistas, pero el tema de estas notas es la relación con Marruecos. Para la mayoría de los españoles (datos del Real Instituto Elcano) Marruecos es la más grave amenaza exterior de España, muy por encima de Rusia que, en su caso, es un problema que España comparte con toda Europa en tanto que el marroquí es estrictamente español, y si la detección de la opinión se centra en Ceuta o Melilla o, incluso, en Canarias, el nivel de preocupación es mucho mayor.
A la gravedad estratégica de buscar el enfrentamiento con USA ( y con Israel) se suma la baja reacción ante hechos ya acaecidos, como han sido las invasiones incontroladas de inmigrantes ayudados por la Administración marroquí, los apresamientos injustificados de pesqueros españoles, la falta de respeto a las aguas territoriales españolas (determinadas por las Islas Canarias), y la frecuencia con la que diferentes voceros marroquíes se jactan de que el crecimiento demográfico de sus nacionales en España es un arma cargada de futuro, crecimiento que, además, sufraga en buena parte el sistema de seguridad social español.
Mientras que eso sucede, Marruecos anuncia sus proyectos de hacerse con las riquezas que atesora el suelo marino en las aguas cercanas a las Canarias y al Sahara Occidental, al que España ha abandonado a su suerte, indiferente a los intereses de sus habitantes, muchos de los cuales son, además, españoles. La tesis marroquí de que las grandes riquezas minerales que se encuentran en esas aguas le “pertenecen”, pretensión que carece de base tanto geográfica como histórica, es vista con mucha comprensión por USA, que, por supuesto, confía en beneficiarse antes o después de las políticas marroquíes de hechos consumados.
Entre tanto, España se limita a protestar, pero sin dar paso alguno en defensa de sus derechos, ya sea por temor al enfrentamiento abierto con Marruecos, ya por no contrariar al Gran Hermano yanqui, al que, paralelamente, Sánchez se permite chulear de cara a la galería, a la vez que su Gobierno, por boca del impresentable Ministro de Asuntos Exteriores, aumenta la marca de sandeces históricas asegurando que no hay ninguna razón para temer consecuencias negativas derivadas de las prohibiciones de uso de las bases de Rota y Morón. Para troncharse de risa.
Da vértigo la facilidad con la que España parece olvidar cómo las gasta Marruecos, y no por su gallardía bélica, sino por su habilidad para aprovechar los malos momentos hispanos. Hay que recordar la marcha verde sobre el Sahara Occidental durante la agonía de Franco, y el idilio de la administración Trump con Rabat es otro escenario malo para España, si, además, se combina con nuestro actual panorama político. Decir que Marruecos podría intentar apoderarse de un zarpazo de Ceuta o Melilla (por supuesto, con la abierta ayuda de USA) suena a idea fantasiosa carente de base, pero es grave imprudencia no querer contemplar esa posibilidad.
La tolerancia con las exigencias marroquíes alcanzó uno de sus puntos culminantes con la escandalosa decisión de reconocer la soberanía de Marruecos sobre el Sahara Occidental, con lo que España traicionaba definitivamente a los que en su momento fueron españoles. Sin que antes hubiera un debate en las Cortes, como sería lo adecuado en tema de esa importancia, Sánchez decidió en abril de 2022 dar la razón a Marruecos en el conflicto del Sahara Occidental, aceptando expresamente que la mejor solución sería la de dotar a aquel territorio de un estatuto de autonomía dentro del reino alauita, zanjando definitivamente la obligación de respetar las resoluciones de Naciones Unidas, que en modo alguno comportaban la integración directa en Marruecos.
Las consecuencias no se harían esperar, comenzando por poner al borde de la ruptura las relaciones con Argelia, dislate mayúsculo por muchos motivos, y entre ellos no es el menor el de la dependencia energética de España, necesitada del gas argelino. La torpeza estratégica y diplomática ha dado lugar a que España dependa ahora del gas que le vende EEUU, que además es peor y más caro que el argelino, según dicen los que saben de estas cosas, además de que, conociendo los cambios de humor de Trump, es altamente peligroso confiar en un suministrador que en cualquier momento puede decidir cerrar el grifo.

En otro plano se sitúan las relaciones humanas. Si comenzamos por los datos peores es obligado recordar que entre la población extranjera de las prisiones españolas el porcentaje mayor corresponde a marroquíes, es un mero hecho estadístico, pero puede ser valorado cuando se trata de la integración, pero el tema es, según creo, más grave:
Antes me he referido a la cuestión demográfica, y la abierta invocación que desde Marruecos se hace a la fuerza que suponen los vientres de las mujeres marroquíes inmigrantes, que traen sin cesar nuevos habitantes a España, país al que muchos de ellos nunca tendrán como propio, aunque haya crecientes excepciones que es obligado reconocer. En paralelo, las tasas de natalidad propias no paran de descender. Se trata de una “invasión lenta pero inexorable”, que se conjuga con la nula voluntad de integración de una gran mayoría de los marroquíes, que propenden a relacionarse exclusivamente entre ellos. Se dice, y algo de cierto hay en ello, que España no podría prescindir de la mano de obra extranjera en general y, en particular, marroquí, pero eso no es razón suficiente para no exigir comportamientos más respetuosos con España en tanto que país de acogida.
El tema de la integración ha tenido recientemente un importante momento crítico, provocado por la decisión del alcalde de Lérida de prohibir el velo integral (el burka y el niqab) en los espacios públicos. Su argumento es sencillo y, en mi opinión, contundente: es necesaria esa prohibición para la defensa de los derechos fundamentales de las mujeres. Las reacciones no se han hecho esperar, comenzando por el propio PSOE, Partido al que, vía PSC, pertenece el alcalde, y, por supuesto, una legión de progres de diferentes pelajes que se han lanzado a la defensa de la libertad de cultos y costumbres. No ha faltado tampoco quien ha acusado a la medida de “discriminatoria y racista”. ¡Cuánta necedad!
Esas reacciones ponen de manifiesto algo mucho más grave, como es la subestimación de lo que es el islamismo radical y lo que puede suponer, error imperdonable, especialmente si se tienen presentes episodios trágicos como los atentados de Atocha o los de las Ramblas de Barcelona. Pero según los defensores de la posición “respetuosa” con la singularidad islámica, una prohibición de esa clase interfiere la libertad de las mujeres musulmanas que decidan ocultar su rostro.
Ese problema se vivió hace años en Francia, donde la población musulmana es mucho más numerosa que en España, dando lugar a grades controversias, que no impidieron que en 2004 se prohibieran los signos religiosos ostensibles en la escuela pública. Unos años después, en 2010, se prohibió el burka con un argumento también simple y tajante: no se puede permitir que nadie circule por las calles enmascarado. La reacción de rechazo del islamismo fue la esperable, poniendo de manifiesto algo que a fuer de evidente no es valorado: las democracias occidentales son laicas, mientras que los Estados islámicos no lo son, y esa diferencia de partida explica la incapacidad islámica para comprender (y respetar) el modo de vida de los países libres.
Ese razonamiento, perfectamente trasportable a España, y va más allá de la cuestión de la supuesta “libertad de elección” de las mujeres (sin entrar en que esa libertad es indemostrable, siendo, en cambio, seguro el ambiente de control y presión en el que viven las musulmanas). Es absurdo invocar las libertades individuales, sin antes pararse a contemplar la cantidad de violencia contra las mujeres que entraña la imposición de vestimentas.
Haríamos bien los españoles en no olvidar que el islamismo (del que participan muchos marroquíes) pretende que sus propias leyes sean respetadas en Estados de Derecho en los que rigen otras, y para lograr ese objetivo no ha dudado en hacer correr la sangre, en España y en otros Estados europeos.
He comenzado hablando de la difícil relación con Marruecos y termino extendiendo el tema a la presencia del islamismo en nuestro país y en nuestra vida cotidiana. El riesgo de violencia existe y ojalá nunca pase de ser solo un riesgo, igual que sucede con el peligro de un indeseable conflicto bélico con Marruecos, que debe evitarse a toda costa, pero sin arrodillar a España.

Correos acaba de emitir el sello que abre este post, dedicado a la Ermita de San Baudelio, en Casillas de Berlanga (Soria). Un sello, sin duda, reivindicativo de nuestro patrimonio histórico y que exterioriza las dificultades que ha tenido su protección. El primer centenario del expolio es un momento adecuado para recordar aquellos hechos. 

La ermita de San Baudelio, construida en el siglo XI y de estilo mozárabe, atesora unos frescos (de los que hoy conserva sólo una parte en su interior) que son una manifestación del arte prerrománico y que constituyen un conjunto especial. Se encuentra en una zona de la provincia de Soria que, como ya señalé en otra entrada, atesora un patrimonio artístico tan considerable como desconocido.

Constituyen un tipo de pintura tan sumamente escaso y con una calidad tan considerable que ha sido considerado la Capilla Sixtina del prerrománico. Posiblemente no haga falta recurrir a estas comparaciones porque son un valor en sí mismo, 

La ermita y sus frescos disponen de toda la protección jurídica, algo diferente a lo ocurrido a final del siglo XIX y principios del siglo XX y que permitieron su expolio

La documentación sobre el expolio de la ermita refleja la escasez de medios y la falta de consideración jurídica que existía en la época para la protección del patrimonio histórico, a pesar de que desde 1917 tenía la consideración de Monumento Nacional.

Como es conocido, en 1922 se produjo la venta de las pinturas, por parte de un grupo de vecinos de Casillas de Berlanga a un anticuario, Leone Levi, por encargo del coleccionista Gabriel Dereppe, quien trabajaba a su vez para un anticuario internacional J.Demotte. El destino último de los frescos eran museos estadounidenses. 65.000 pesetas de la época fue lo que recibieron los vecinos. Sin duda una fortuna en la zona y la época y que el Estado no quiso pagar para quedarse con los frescos, a pesar del derecho de tanteo de que disponía.

En el proceso de venta y usurpación, conviene recordar el papel que cumplieron dos números de la Guardia civil, que, con una acción improvisada, evitaron que se materializara el expolio sin un examen jurídico adecuado. Conviene recuperar lo que se explicaba en El Avisador Numantino de 8 de julio de 1922 (el número íntegro del periódico se puede consultar aquí. La página 2 está dedicada al expolio, con todo lujo de detalles):

“El día 3 del actual [julio de 1922], a las ocho de la noche, hallábase el Capitán de la Guardia Civil D. Felipe Pascual Palomo, en el casino en el Burgo de Osma, donde recibió la confidencia verbal de que varios extranjeros estaban trabajando de día y de noche en la ermita de San Baudelio para arrancar las pinturas que decoran aquel Santuario. Inmediatamente el Sr. Palomo salió en automóvil particular para Casillas, sin dar cuenta de su determinación al Gobernador, por estar cerrada la estación telegráfica.
En Berlanga se unió al Capitán el Teniente Sr. Pelarda y ambos dirigiéronse a la ermita de San Baudelio, donde llegaron a las 10 de la noche.
Estaban en aquel lugar dos individuos extranjeros, uno durmiendo en la puerta de entrada al templo y otro despierto, en el interior, al cuidado de una hornilla encendida. Preguntó el Capitán qué hacían allí, —Estamos trabajando —contestaron— por orden de nuestro amo D. León Leví.
El Sr. Palomo dio la orden de que no continuaran los trabajos. Observó que todos los muros estaban cubiertos con lienzos.”

El papel del Registrador de la Propiedad de Almazán, Juan Francisco Marina, también constituyó un elemento sobre el que habría que poner un severo ojo crítico por haber facilitado que los vecinos aceptaran la compraventa,

El Tribunal Supremo, en su increíble sentencia de 12 de febrero de 1925, por el absurdo interno que plantea, aceptó que la venta era legítima. La concepción imperante del derecho de propiedad y la falta de reconocimiento del valor jurídico de las inscripciones registrales y de su declaración como Monumento nacional, fueron los elementos que están detrás de esta resolución.

El resultado de todo lo anterior, del contrato de compraventa, de la inactividad administrativa y de la desastrosa sentencia del Tribunal Supremo es que, se permitió la salida de los frescos hacia Londres y, de ahí a los Estados Unidos de América.

Hoy hay frescos de San Baudelio en el Fine Arts Museum de Boston, Indianapolis Museum of Arts, Cincinatti Arts Museum y el Metropolitan Museum de Nueva York. En 1957 este último prestó al Museo del Prado, en calidad de depósito indefinido, seis lienzos: El oso, El guerrero, Motivos decorativos, El elefante, La caza del ciervo, y La cacería de las liebres. A cambio, recibió el ábside románico de la iglesia de San Martín de Fuentidueña (Segovia).

La ermita ha sido propiedad privada hasta hace bien poco tiempo. Una historia jurídica de herencias, ventas, censos enfitéuticos, pelitos entre particulares componen una historia merece la pena ser leída. De hecho, la Iglesia Católica se la intentó apropiar sin éxito. En 1952 la Fundación Lázaro Galdiano compró a los doce vecinos propietarios legales, la ermita, cediéndola dos años más tarde al Ministerio de Educación.

Hoy la ermita ha sido protegida jurídicamente y su estructura fortalecida. El sello es el reconocimiento a la necesidad de protección de bienes inigualables que tenemos a lo largo de la geografía nacional

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