Cuarta Revolución Industrial y Administraciones Públicas

por Julio González García | Jun 18, 2024

Al parecer, un comité de la Cámara de Representantes de EEUU se ha pronunciado a favor de apoyar los esfuerzos del secretario de Estado para alcanzar un compromiso diplomático entre Marruecos y España sobre el futuro de Ceuta y Melilla. Lo de menos es saber qué es exactamente lo que está haciendo ese sujeto. Lo realmente preocupante es que estamos en la antesala de un grave problema, aumentado por la prometida venganza de EEUU por la actitud de España con ocasión de la actual guerra del golfo Pérsico.
Forzoso es comenzar por aceptar que la relación con el reino alauita es aparentemente correcta, pero está plagada de tumores, históricos y presentes, por más que el observador quiera y deba apartar todos los apriorismos negativos que entran en el análisis, pero la realidad es la que es y no ofrece motivos para el optimismo. Hay un primer punto que es obligado destacar: aun aceptando que Trump es un tipejo indeseable, es un grave error buscar el enfrentamiento con él, y, de paso, con USA, con el objetivo prioritario de presentarse ante la izquierda española – y Europea, según delira Sánchez - como máximo adalid del pensamiento progresista y de la gallardía ante el imperialismo belicista.
Las consecuencias son fácilmente previsibles, y ahí tenemos la amenaza de supresión de las bases norteamericanas en España, cosa que la progresía de salón, y algunos más de los socios de Sánchez, consideran una gran noticia, sin reparar en que el gran beneficiado puede ser Marruecos, a cuyo territorio pueden ir a parar las bases con todo lo que eso comporta, lo cual no se limita a la pérdida de unos “inquilinos”, sino que va mucho más allá, alterando gravemente la defensa de los intereses españoles.
Pero Sánchez, agobiado por las encuestas desfavorables, tenía que buscar en el baúl recursos propagandísticos y uno era el del “no a la guerra”, que irá acompañado, de aquí a las elecciones generales, del grito “OTAN no, bases fuera”, que estuvo en boga a comienzos de los 80. La probada frivolidad del actual PSOE y su jefe no detendrá el dislate, pues ningún precio para España es demasiado alto si se trata de los intereses electorales inmediatos.
Me he referido a uno más de los disparates sanchistas, pero el tema de estas notas es la relación con Marruecos. Para la mayoría de los españoles (datos del Real Instituto Elcano) Marruecos es la más grave amenaza exterior de España, muy por encima de Rusia que, en su caso, es un problema que España comparte con toda Europa en tanto que el marroquí es estrictamente español, y si la detección de la opinión se centra en Ceuta o Melilla o, incluso, en Canarias, el nivel de preocupación es mucho mayor.
A la gravedad estratégica de buscar el enfrentamiento con USA ( y con Israel) se suma la baja reacción ante hechos ya acaecidos, como han sido las invasiones incontroladas de inmigrantes ayudados por la Administración marroquí, los apresamientos injustificados de pesqueros españoles, la falta de respeto a las aguas territoriales españolas (determinadas por las Islas Canarias), y la frecuencia con la que diferentes voceros marroquíes se jactan de que el crecimiento demográfico de sus nacionales en España es un arma cargada de futuro, crecimiento que, además, sufraga en buena parte el sistema de seguridad social español.
Mientras que eso sucede, Marruecos anuncia sus proyectos de hacerse con las riquezas que atesora el suelo marino en las aguas cercanas a las Canarias y al Sahara Occidental, al que España ha abandonado a su suerte, indiferente a los intereses de sus habitantes, muchos de los cuales son, además, españoles. La tesis marroquí de que las grandes riquezas minerales que se encuentran en esas aguas le “pertenecen”, pretensión que carece de base tanto geográfica como histórica, es vista con mucha comprensión por USA, que, por supuesto, confía en beneficiarse antes o después de las políticas marroquíes de hechos consumados.
Entre tanto, España se limita a protestar, pero sin dar paso alguno en defensa de sus derechos, ya sea por temor al enfrentamiento abierto con Marruecos, ya por no contrariar al Gran Hermano yanqui, al que, paralelamente, Sánchez se permite chulear de cara a la galería, a la vez que su Gobierno, por boca del impresentable Ministro de Asuntos Exteriores, aumenta la marca de sandeces históricas asegurando que no hay ninguna razón para temer consecuencias negativas derivadas de las prohibiciones de uso de las bases de Rota y Morón. Para troncharse de risa.
Da vértigo la facilidad con la que España parece olvidar cómo las gasta Marruecos, y no por su gallardía bélica, sino por su habilidad para aprovechar los malos momentos hispanos. Hay que recordar la marcha verde sobre el Sahara Occidental durante la agonía de Franco, y el idilio de la administración Trump con Rabat es otro escenario malo para España, si, además, se combina con nuestro actual panorama político. Decir que Marruecos podría intentar apoderarse de un zarpazo de Ceuta o Melilla (por supuesto, con la abierta ayuda de USA) suena a idea fantasiosa carente de base, pero es grave imprudencia no querer contemplar esa posibilidad.
La tolerancia con las exigencias marroquíes alcanzó uno de sus puntos culminantes con la escandalosa decisión de reconocer la soberanía de Marruecos sobre el Sahara Occidental, con lo que España traicionaba definitivamente a los que en su momento fueron españoles. Sin que antes hubiera un debate en las Cortes, como sería lo adecuado en tema de esa importancia, Sánchez decidió en abril de 2022 dar la razón a Marruecos en el conflicto del Sahara Occidental, aceptando expresamente que la mejor solución sería la de dotar a aquel territorio de un estatuto de autonomía dentro del reino alauita, zanjando definitivamente la obligación de respetar las resoluciones de Naciones Unidas, que en modo alguno comportaban la integración directa en Marruecos.
Las consecuencias no se harían esperar, comenzando por poner al borde de la ruptura las relaciones con Argelia, dislate mayúsculo por muchos motivos, y entre ellos no es el menor el de la dependencia energética de España, necesitada del gas argelino. La torpeza estratégica y diplomática ha dado lugar a que España dependa ahora del gas que le vende EEUU, que además es peor y más caro que el argelino, según dicen los que saben de estas cosas, además de que, conociendo los cambios de humor de Trump, es altamente peligroso confiar en un suministrador que en cualquier momento puede decidir cerrar el grifo.

En otro plano se sitúan las relaciones humanas. Si comenzamos por los datos peores es obligado recordar que entre la población extranjera de las prisiones españolas el porcentaje mayor corresponde a marroquíes, es un mero hecho estadístico, pero puede ser valorado cuando se trata de la integración, pero el tema es, según creo, más grave:
Antes me he referido a la cuestión demográfica, y la abierta invocación que desde Marruecos se hace a la fuerza que suponen los vientres de las mujeres marroquíes inmigrantes, que traen sin cesar nuevos habitantes a España, país al que muchos de ellos nunca tendrán como propio, aunque haya crecientes excepciones que es obligado reconocer. En paralelo, las tasas de natalidad propias no paran de descender. Se trata de una “invasión lenta pero inexorable”, que se conjuga con la nula voluntad de integración de una gran mayoría de los marroquíes, que propenden a relacionarse exclusivamente entre ellos. Se dice, y algo de cierto hay en ello, que España no podría prescindir de la mano de obra extranjera en general y, en particular, marroquí, pero eso no es razón suficiente para no exigir comportamientos más respetuosos con España en tanto que país de acogida.
El tema de la integración ha tenido recientemente un importante momento crítico, provocado por la decisión del alcalde de Lérida de prohibir el velo integral (el burka y el niqab) en los espacios públicos. Su argumento es sencillo y, en mi opinión, contundente: es necesaria esa prohibición para la defensa de los derechos fundamentales de las mujeres. Las reacciones no se han hecho esperar, comenzando por el propio PSOE, Partido al que, vía PSC, pertenece el alcalde, y, por supuesto, una legión de progres de diferentes pelajes que se han lanzado a la defensa de la libertad de cultos y costumbres. No ha faltado tampoco quien ha acusado a la medida de “discriminatoria y racista”. ¡Cuánta necedad!
Esas reacciones ponen de manifiesto algo mucho más grave, como es la subestimación de lo que es el islamismo radical y lo que puede suponer, error imperdonable, especialmente si se tienen presentes episodios trágicos como los atentados de Atocha o los de las Ramblas de Barcelona. Pero según los defensores de la posición “respetuosa” con la singularidad islámica, una prohibición de esa clase interfiere la libertad de las mujeres musulmanas que decidan ocultar su rostro.
Ese problema se vivió hace años en Francia, donde la población musulmana es mucho más numerosa que en España, dando lugar a grades controversias, que no impidieron que en 2004 se prohibieran los signos religiosos ostensibles en la escuela pública. Unos años después, en 2010, se prohibió el burka con un argumento también simple y tajante: no se puede permitir que nadie circule por las calles enmascarado. La reacción de rechazo del islamismo fue la esperable, poniendo de manifiesto algo que a fuer de evidente no es valorado: las democracias occidentales son laicas, mientras que los Estados islámicos no lo son, y esa diferencia de partida explica la incapacidad islámica para comprender (y respetar) el modo de vida de los países libres.
Ese razonamiento, perfectamente trasportable a España, y va más allá de la cuestión de la supuesta “libertad de elección” de las mujeres (sin entrar en que esa libertad es indemostrable, siendo, en cambio, seguro el ambiente de control y presión en el que viven las musulmanas). Es absurdo invocar las libertades individuales, sin antes pararse a contemplar la cantidad de violencia contra las mujeres que entraña la imposición de vestimentas.
Haríamos bien los españoles en no olvidar que el islamismo (del que participan muchos marroquíes) pretende que sus propias leyes sean respetadas en Estados de Derecho en los que rigen otras, y para lograr ese objetivo no ha dudado en hacer correr la sangre, en España y en otros Estados europeos.
He comenzado hablando de la difícil relación con Marruecos y termino extendiendo el tema a la presencia del islamismo en nuestro país y en nuestra vida cotidiana. El riesgo de violencia existe y ojalá nunca pase de ser solo un riesgo, igual que sucede con el peligro de un indeseable conflicto bélico con Marruecos, que debe evitarse a toda costa, pero sin arrodillar a España.

Cuarta Revolución Industrial y los retos para los Gobiernos.

Démosle la denominación que queramos, pero la cuarta revolución industrial está aquí. Una revolución que está caracterizada por la digitalización, por la Inteligencia Artificial, y aprendizaje de las máquinas. Una revolución que está trayendo cambios dramáticos en relación con la robótica, la impresión 3D, la nanotecnología o la biotecnología, la ciencia de los materiales por citar sólo algunos de los avances que se prevén.

El impacto tecnológico no es nuevo. Fue lo que provocó las tres revoluciones industriales anteriores. Lo que hace a ésta diferente es la magnitud cualitativa de los cambios que se van a producir, la velocidad en la que acaecen y la imposibilidad de detenerla. Y al tiempo, por la capacidad de integración entre tecnologías, conocimientos y disciplinas académicas. La inteligencia, de hecho, deja de ser algo humano ya que los ordenadores enseñados serán capaces de producir conocimiento similar al humano.

Un impacto que llegará también a la vida cotidiana. El impacto de la Inteligencia Artificial, por último, irá creando nuevos ecosistemas, como del de la llamada informática ambiental, del cual los asistentes personales tipo Siri son una primera muestra.

Los cambios son de tal magnitud que van a abrir nuevos procesos en el seno del sector público, van a modificar las relaciones de trabajo y, además, van a abrir cuestiones hasta ahora ignotas. 

 

Cuando se abordan estos procesos, de lo que los medios de comunicación suelen dar buena cuenta, se insiste en la aplicabilidad que tienen para determinados ámbitos económicos o sociales. No se suele insistir en los aspectos vinculados a las Administraciones públicas, que van a tener que cambiar su forma de actuar y van a tener que prestar la atención a ámbitos en los que hasta ahora no se fijaban. Aquí se dejan algunos elementos que deberían ser tenidos en cuenta.

 

1. La cuarta revolución industrial puede ser una fuente de desigualdad. Una desigualdad que puede derivar tanto de la dificultad de acceso a las tecnologías que lo producen (los dispositivos deberán ser más potentes y con más funcionalidades y, con ello, más caros) y a sus resultados. 

Por ello, cuando hay países en los que la construcción del Estado del bienestar no se ha concluido, como el nuestro, resulta necesario incluir en la cartera de la redistribución elementos nuevos vinculados a la revolución industrial. Algo que afectará a la educación y sanidad públicas inicialmente y, paralelamente a todo aquello que constituye la acción estatal para unas condiciones de vida óptima, empezando por el transporte. Un rediseño de la Daseinvorsorge de la que tanto se habló en los años sesenta del siglo pasado. 

 

2. La regulación es uno de los campos de batalla actuales. Se dice que EE.UU. Inventa y Europa regula. Posiblemente sea un mantra interesado del neoliberalismo para favorecer la desregulación, pero, sin lugar a dudas, habrá que cambiar las formas de regular. El tiempo transcurrido en el Reglamento europeo de Inteligencia Artificial excede sin duda de lo que resulta razonable en tiempos de cambios tecnológicos acelerados. Piénsese que la ordenación para el interés general se puede ver eliminada si los estándares tecnológicos se imponen en un determinado territorio. 

Una tarea en la que deberán ser conscientes, al mismo tiempo, de la imposibilidad de la limitación del desarrollo científico y tecnológico. Desde esta perspectiva, hay que recordar e insistir en que esta revolución industrial está diluyendo definitivamente la importancia del territorio a los efectos de la acción pública; con todas las implicaciones ético políticas que tiene.

 

3. Dentro de la regulación, uno de los aspectos más relevantes es el peso que tienen las grandes compañías tecnológicas,  especialmente aquellas que son transversales y que tienen incidencia en el conocimiento y formación de la opinión pública. Facebook, Google, Amazon y Microsoft constituyen elementos de riesgo político y económico. Y ejemplos hemos tenido con lo que ha ocurrido con Facebook en las elecciones estadounidenses. De hecho, ellas cuatro y otras como TikTok están conformando un nuevo mundo de los medios de comunicación y acceso a la información.

Más aún, el volumen de las grandes empresas tecnológicas con una facturación anual superior al PIB de muchos países, les está permitiendo el diseño de una nueva sociedad con una plantilla mínima y con costes de producción realmente limitados. Por ello, posiblemente estamos en las puertas de tener que adoptar medidas de troceamiento de las empresas para proteger el interés general. 

Todo ello combinado con la realidad de la facilidad que tiene la deslocalización de actividades y la aparición de mayor número de presencias virtual del individuo fuera del ámbito físico en el que realmente se encuentra -a través de las VPN-, con lo que supone de limitación en su actividad de supervisión y el efecto negativo sobre la recaudación fiscal.

 

4.La tecnología derivada de la cuarta revolución industrial, de entrada, favorecerá el empoderamiento ciudadano lo que tendrá el efecto positivo de mejorar su participación en la vida pública. Un empoderamiento ciudadano que vive, al mismo tiempo, un descenso en la calidad de la democracia que repercute, a su vez, en una menor participación en los procesos de votación. Dicho de otro modo, este empoderamiento se manifestará en mecanismos alternativos de participación en la vida pública, cuya dirección por las autoridades será mucho menor.

Al mismo tiempo, si los gobiernos son capaces de incorporar esta revolución a su actuar diario, dispondrán de una gran capacidad de conocimiento sobre la vida ciudadana, lo que debería ser aprovechado para el desarrollo de políticas públicas transformadoras. El conocimiento de los datos puede tener muchas aplicaciones positivas, en relación con la movilidad urbana -y el aprovechamiento de la capacidad-, la seguridad de peatones y personas en las calles, la utilización de la energía, la reducción de la contaminación. Y pueden contribuir a un rediseño de las ciudades más adecuado.

 

5. ¿Regulamos los algoritmos? La pregunta puede resultar extraña, dado que lo que planteo es regular una fórmula matemática. Pero un algoritmo será lo que, en el futuro, permita la conducción en los coches inteligentes que están haciendo en EE.UU. Se trata de unos algoritmos que dejarán sin sentido en pocos años las licencias de conducir que llevamos en nuestros bolsillos y que, por consiguiente, deberán cumplir con ciertos requisitos para garantizar un nivel adecuado de seguridad. Es una exigencia para su funcionamiento y que resultará relevante también para articular un adecuado régimen de protección de consumidores.

Regular los algoritmos es bastante más que decidir cómo se puede conducir el coche del futuro. Su regulación supone articular reglas básicas de planificación y control, de igual forma a que se hace en otros ámbitos de la ciencia y que reciben el examen de las Administraciones públicas, como en materia de construcción. Supone su monitorización para examinar, por ejemplo, aspectos de su estabilidad para prevenir daños y para examinar la funcionalidad que tienen y las que resultan necesarias. Y, en tercer lugar, nos lleva a un análisis retrospectivo de los desastres para evitarlos en el futuro, tal como se hace ahora, por ejemplo, después de los accidentes aeronáuticos.

La regulación de los algoritmos es, además, un ejemplo de cómo la actividad reguladora deberá pasar por el tamiz de la cuarta revolución industrial. Los relativamente largos procesos legislativos actuales deberán adaptarse para cumplir mejor su función. Agilidad para cumplir su función que requerirá personal más cualificado.

La regulación de estos algoritmos vinculados a máquinas nos pondrá en la pista de los problemas que plantearán aspectos mucho más trascendentes, como la edición del genoma humano.

 

6. Una de las características que tiene la cuarta revolución industrial es la utilización de medios de pago diferentes a los tradicionales, cuya característica es la descentralización. Medios de pago que nos conducen a dos tipos de problemas: la propia necesidad y efectos del dinero público, el que conocemos en la actualidad y que serán sustituidos, de nuevo, por algoritmos articulados a través de las blockchain, que pueden ser traducidos por los libros de contabilidad distribuidos. Aunque las blockchains constituyen un libro abierto en el que quedan registrados todas las actividades económicas que se hagan con ellos, no deja de caer fuera del poder estatal.

Los procedimientos alternativos de pago y la creación de blockchain de tipo bitcoin se están desarrollando con gran celeridad y pueden afectar muy considerablemente a los Bancos Centrales y, en particular, a uno de sus elementos básicos, la política monetaria. Tengamos presente que funcionan de forma paralela a la moneda pública y se articulan en base a confianza y a un valor económico dependiente del número que existe. De hecho, las Bitcoins están en la actualidad en medio de una gran burbuja que ha incrementado sustancialmente su valor.

Al mismo tiempo, la descentralización de los medios de pago obstaculiza la capacidad de las autoridades públicas en relación con el origen y destino del dinero. Provocan, además, dificultades en analizar la transcendencia fiscal de ciertas operaciones económicas, lo que ha hecho, por ejemplo, que en el Reino Unido se apruebe la Snooper Act cuya finalidad es, precisamente, hacer un examen indirecto en función de las transacciones económicas que se hagan a través de internet. Asimismo, habrá que impulsar mecanismos cooperativos entre Estados para garantizar al menos un flujo impositivo a través de los Impuestos sobre Transacciones.

 

7. Uno de los impactos mayores se producirá en el marco del trabajo y la producción. No es sólo la constante caída del peso del trabajo manual en el PIB lo que abrirá una brecha más considerable aún entre el trabajador físico y el intelectual; entre los que dependen de su trabajo y los que son propietarios de los medios de producción, básicamente el capital.

De hecho, hemos de ser conscientes de que en el futuro habrá empleos que tiendan a desaparecer. Pensemos en la conexión entre los vehículos que conducen sin conductor y el sector del transporte de mercancías por carretera. O algo que ya está en nuestras vidas, el transporte metropolitano sin conductor. Para comprender la magnitud de los cambios y el impacto que tendrá en la sociedad, podemos aportar un dato: en Detroit, las empresas de fabricación de coches tenían en 1990 1.2 millones de trabajadores. Hoy las tres más importantes de Silicon Valley tienen sólo 137.000.

En esta línea, las modalidades de trabajo están cambiando, impulsando las plataformas que desarrollan “economía bajo demanda”, denominación que me parece más adecuada que la de economía colaborativa. Esto abre nuevas dificultades en relación con la articulación de los sistemas de protección social e incluso con la propia capacidad recaudatoria de los Estados.  Más aún, la introducción de mecanismos de inteligencia artificial y de toma de decisiones electrónicas nos conduce a una pérdida de empleos y a otras consecuencias en materia de responsabilidad.

En el ámbito de las relaciones de puestos de trabajo de las Administraciones Públicas, por el contrario, exigirá la incorporación de personas adaptadas a estas nuevas tecnologías, algo que se impulsará por las actuaciones realizadas en el marco de la Administración electrónica.

Estas economías bajo demanda están cuestionando algunas regulaciones tradicionales, como la del taxi a través de Über, o la de la vivienda a través de AirBnb o la del reparto de paquetería -a través de los riders-. Regulación que está planteando, por un lado, el propio concepto de empresa -¿no es Über una gran empresa de transportes sin coches?-, que está conduciendo a una situación anti competitiva -por la realización de actividades similares con regulaciones diferentes- y está provocando una gran revolución como consecuencia de los nuevos estándares de calidad. Todo lo cual está teniendo efectos indirectos en el acceso a la vivienda, el trabajo o al desarrollo productivo y comercial.

No se debe pensar que la cuarta revolución industrial afectará únicamente a trabajos que no estén altamente cualificados, sino que también afectará a ciertas modalidades de trabajo de los denominables como los de “cuello blanco” verán incrementada la presencia de la Inteligencia Artificial en ciertos ámbitos, como podría ser la auditoría. Y, esa cuarta revolución industrial debe generar una gran capacidad de luchar contra lacras que tenemos en la sociedad como el fraude fiscal; que están impidiendo el cumplimiento del deber constitucional de redistribución de la riqueza. Y tienen que servir para un uso más eficiente de los recursos naturales para luchar contra la alteración del clima y el calentamiento global.

Todo lo anterior no significará que no existan nuevas oportunidades laborales. Lo que sí hay que plantearse es si los sistemas públicos de educación y ciencia están en condiciones de abordar el cambio que requiere la sociedad en este momento. Un problema que es especialmente significativo en un país como el nuestro que ha reducido sustancialmente el presupuesto público en esos dos ámbitos, justo cuando en otros países se ha incrementado. El reto es tanto más importante cuanto que el riesgo esencial que puede materializarse es el de una desigualdad insoportable

5. Las modalidades de fabricación de productos experimentarán cambios muy considerables a partir de la llamada “fabricación aditiva” cuyo máximo exponente son las impresoras 3D que están desarrollándose rápidamente. Unos cambios que tendrán efectos diversos sobre el trabajo, la salud y el medio ambiente. Sin lugar a dudas, pensar en la fabricación de prótesis y cómo se gestionarán los stocks de productos en los hospitales será objeto de gran reflexión.

Y al mismo tiempo, dificultarán la seguridad y pondrán en tela de juicio aspectos que tenemos muy interiorizados, como es el control de las armas de fuego, ya que en un periodo no demasiado largo de tiempo permitirán la creación de armas de un solo uso.

 

8. La gestión de los datos personales también incrementará su problemática. El mercado global de datos personales  es una realidad que estamos generando día a día con nuestras actividades cotidianas. Fijémonos un poco en lo que en este momento es capaz de hacer cualquiera de los grandes propietarios de nubes para el almacenamiento de información (sí, esa que transmitimos con nuestros correos electrónicos o paseando con nuestro smartphone). No sólo es capaz de reconocer imágenes y sonidos, no sólo es capaz de determinar las IP desde las que navegamos, sino que puede entrar dentro de lo que se denomina el deep learninga través de la cual puede interpretar los requerimientos de los seres humanos para adaptarse a ellos.

Todas ellas se encuentran en Utah o Nevada y permite a los operadores obtener pingües beneficios por la cesión gratuita de datos que hacemos a diario. Todo ello en un contexto en el que aquél país se parece cada vez más claro lo que señaló Tzodorov  “My name is America and I’m a dataholic”.

En Francia, por el contrario, se está empezando a desarrollar un debate público en relación con esta cuestión, aunque se quede en la cuestión fiscal. Se ha hablado, de este modo, de arbitrar un mecanismo de cobro de impuestos por el beneficio obtenido por el “trabajo” gratuito de los internautas.

Estos son unos primeros aspectos que se pueden señalar sobre el impacto de la cuarta revolución industrial en el desarrollo de la actividad de gobierno. Hay otros elementos que habría de analizarse, como es su vinculación con la seguridad en sentido amplio, dado que los cambios que se avecinan harán más accesibles a muchas personas la producción de daños masivos. En próximas entregas veremos algunos exponentes.

 

9. La Universidad tiene que ocupar un papel preponderante en este proceso, en la generación, transmisión y transferencia del conocimiento; tanto en las vertientes teóricas como aplicadas. 

En nuestro país la Universidad pública que es la que genera más conocimiento y tiene una dificultad mayor para su transmisión. Este papel preponderante nos debería cuestionarnos si la forma de transmitir conocimientos en las aulas son las adecuadas para concitar la atención del alumnado y que adquieran conocimientos. Nos debe llevar a preguntarnos si nuestros artículos y libros son el camino para la transmisión o si, por el contrario, nos tenemos que conformar con que no nos lean o la lectura de trabajos universitarios sea endogámica, entre profesores. Y, en fin, debemos ser conscientes de que tenemos carencias en cómo llega ese conocimiento generado a la sociedad y a los sectores productivos.

 

Más allá de esta aproximación, la idea que es más importante retener es que la cuarta revolución industrial está aquí, se va a quedar y o nos adaptamos o nos devora como Saturno a sus hijos, que aquí serían los padres creadores. No es una cuestión opinable, no es un algo evitable, consiste en que la sociedad y los Gobiernos se adapten para los cambios que la evolución de la ciencia nos traerá. Y que cuanto antes afrontemos su integración en el aparato gubernativo, nos generará cambios en la articulación de políticas públicas para el mantenimiento del Estado social del artículo 1.1 de la Constitución.

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