Alejandro Nieto in memoriam

por Julio González García | Oct 3, 2023

Al parecer, un comité de la Cámara de Representantes de EEUU se ha pronunciado a favor de apoyar los esfuerzos del secretario de Estado para alcanzar un compromiso diplomático entre Marruecos y España sobre el futuro de Ceuta y Melilla. Lo de menos es saber qué es exactamente lo que está haciendo ese sujeto. Lo realmente preocupante es que estamos en la antesala de un grave problema, aumentado por la prometida venganza de EEUU por la actitud de España con ocasión de la actual guerra del golfo Pérsico.
Forzoso es comenzar por aceptar que la relación con el reino alauita es aparentemente correcta, pero está plagada de tumores, históricos y presentes, por más que el observador quiera y deba apartar todos los apriorismos negativos que entran en el análisis, pero la realidad es la que es y no ofrece motivos para el optimismo. Hay un primer punto que es obligado destacar: aun aceptando que Trump es un tipejo indeseable, es un grave error buscar el enfrentamiento con él, y, de paso, con USA, con el objetivo prioritario de presentarse ante la izquierda española – y Europea, según delira Sánchez - como máximo adalid del pensamiento progresista y de la gallardía ante el imperialismo belicista.
Las consecuencias son fácilmente previsibles, y ahí tenemos la amenaza de supresión de las bases norteamericanas en España, cosa que la progresía de salón, y algunos más de los socios de Sánchez, consideran una gran noticia, sin reparar en que el gran beneficiado puede ser Marruecos, a cuyo territorio pueden ir a parar las bases con todo lo que eso comporta, lo cual no se limita a la pérdida de unos “inquilinos”, sino que va mucho más allá, alterando gravemente la defensa de los intereses españoles.
Pero Sánchez, agobiado por las encuestas desfavorables, tenía que buscar en el baúl recursos propagandísticos y uno era el del “no a la guerra”, que irá acompañado, de aquí a las elecciones generales, del grito “OTAN no, bases fuera”, que estuvo en boga a comienzos de los 80. La probada frivolidad del actual PSOE y su jefe no detendrá el dislate, pues ningún precio para España es demasiado alto si se trata de los intereses electorales inmediatos.
Me he referido a uno más de los disparates sanchistas, pero el tema de estas notas es la relación con Marruecos. Para la mayoría de los españoles (datos del Real Instituto Elcano) Marruecos es la más grave amenaza exterior de España, muy por encima de Rusia que, en su caso, es un problema que España comparte con toda Europa en tanto que el marroquí es estrictamente español, y si la detección de la opinión se centra en Ceuta o Melilla o, incluso, en Canarias, el nivel de preocupación es mucho mayor.
A la gravedad estratégica de buscar el enfrentamiento con USA ( y con Israel) se suma la baja reacción ante hechos ya acaecidos, como han sido las invasiones incontroladas de inmigrantes ayudados por la Administración marroquí, los apresamientos injustificados de pesqueros españoles, la falta de respeto a las aguas territoriales españolas (determinadas por las Islas Canarias), y la frecuencia con la que diferentes voceros marroquíes se jactan de que el crecimiento demográfico de sus nacionales en España es un arma cargada de futuro, crecimiento que, además, sufraga en buena parte el sistema de seguridad social español.
Mientras que eso sucede, Marruecos anuncia sus proyectos de hacerse con las riquezas que atesora el suelo marino en las aguas cercanas a las Canarias y al Sahara Occidental, al que España ha abandonado a su suerte, indiferente a los intereses de sus habitantes, muchos de los cuales son, además, españoles. La tesis marroquí de que las grandes riquezas minerales que se encuentran en esas aguas le “pertenecen”, pretensión que carece de base tanto geográfica como histórica, es vista con mucha comprensión por USA, que, por supuesto, confía en beneficiarse antes o después de las políticas marroquíes de hechos consumados.
Entre tanto, España se limita a protestar, pero sin dar paso alguno en defensa de sus derechos, ya sea por temor al enfrentamiento abierto con Marruecos, ya por no contrariar al Gran Hermano yanqui, al que, paralelamente, Sánchez se permite chulear de cara a la galería, a la vez que su Gobierno, por boca del impresentable Ministro de Asuntos Exteriores, aumenta la marca de sandeces históricas asegurando que no hay ninguna razón para temer consecuencias negativas derivadas de las prohibiciones de uso de las bases de Rota y Morón. Para troncharse de risa.
Da vértigo la facilidad con la que España parece olvidar cómo las gasta Marruecos, y no por su gallardía bélica, sino por su habilidad para aprovechar los malos momentos hispanos. Hay que recordar la marcha verde sobre el Sahara Occidental durante la agonía de Franco, y el idilio de la administración Trump con Rabat es otro escenario malo para España, si, además, se combina con nuestro actual panorama político. Decir que Marruecos podría intentar apoderarse de un zarpazo de Ceuta o Melilla (por supuesto, con la abierta ayuda de USA) suena a idea fantasiosa carente de base, pero es grave imprudencia no querer contemplar esa posibilidad.
La tolerancia con las exigencias marroquíes alcanzó uno de sus puntos culminantes con la escandalosa decisión de reconocer la soberanía de Marruecos sobre el Sahara Occidental, con lo que España traicionaba definitivamente a los que en su momento fueron españoles. Sin que antes hubiera un debate en las Cortes, como sería lo adecuado en tema de esa importancia, Sánchez decidió en abril de 2022 dar la razón a Marruecos en el conflicto del Sahara Occidental, aceptando expresamente que la mejor solución sería la de dotar a aquel territorio de un estatuto de autonomía dentro del reino alauita, zanjando definitivamente la obligación de respetar las resoluciones de Naciones Unidas, que en modo alguno comportaban la integración directa en Marruecos.
Las consecuencias no se harían esperar, comenzando por poner al borde de la ruptura las relaciones con Argelia, dislate mayúsculo por muchos motivos, y entre ellos no es el menor el de la dependencia energética de España, necesitada del gas argelino. La torpeza estratégica y diplomática ha dado lugar a que España dependa ahora del gas que le vende EEUU, que además es peor y más caro que el argelino, según dicen los que saben de estas cosas, además de que, conociendo los cambios de humor de Trump, es altamente peligroso confiar en un suministrador que en cualquier momento puede decidir cerrar el grifo.

En otro plano se sitúan las relaciones humanas. Si comenzamos por los datos peores es obligado recordar que entre la población extranjera de las prisiones españolas el porcentaje mayor corresponde a marroquíes, es un mero hecho estadístico, pero puede ser valorado cuando se trata de la integración, pero el tema es, según creo, más grave:
Antes me he referido a la cuestión demográfica, y la abierta invocación que desde Marruecos se hace a la fuerza que suponen los vientres de las mujeres marroquíes inmigrantes, que traen sin cesar nuevos habitantes a España, país al que muchos de ellos nunca tendrán como propio, aunque haya crecientes excepciones que es obligado reconocer. En paralelo, las tasas de natalidad propias no paran de descender. Se trata de una “invasión lenta pero inexorable”, que se conjuga con la nula voluntad de integración de una gran mayoría de los marroquíes, que propenden a relacionarse exclusivamente entre ellos. Se dice, y algo de cierto hay en ello, que España no podría prescindir de la mano de obra extranjera en general y, en particular, marroquí, pero eso no es razón suficiente para no exigir comportamientos más respetuosos con España en tanto que país de acogida.
El tema de la integración ha tenido recientemente un importante momento crítico, provocado por la decisión del alcalde de Lérida de prohibir el velo integral (el burka y el niqab) en los espacios públicos. Su argumento es sencillo y, en mi opinión, contundente: es necesaria esa prohibición para la defensa de los derechos fundamentales de las mujeres. Las reacciones no se han hecho esperar, comenzando por el propio PSOE, Partido al que, vía PSC, pertenece el alcalde, y, por supuesto, una legión de progres de diferentes pelajes que se han lanzado a la defensa de la libertad de cultos y costumbres. No ha faltado tampoco quien ha acusado a la medida de “discriminatoria y racista”. ¡Cuánta necedad!
Esas reacciones ponen de manifiesto algo mucho más grave, como es la subestimación de lo que es el islamismo radical y lo que puede suponer, error imperdonable, especialmente si se tienen presentes episodios trágicos como los atentados de Atocha o los de las Ramblas de Barcelona. Pero según los defensores de la posición “respetuosa” con la singularidad islámica, una prohibición de esa clase interfiere la libertad de las mujeres musulmanas que decidan ocultar su rostro.
Ese problema se vivió hace años en Francia, donde la población musulmana es mucho más numerosa que en España, dando lugar a grades controversias, que no impidieron que en 2004 se prohibieran los signos religiosos ostensibles en la escuela pública. Unos años después, en 2010, se prohibió el burka con un argumento también simple y tajante: no se puede permitir que nadie circule por las calles enmascarado. La reacción de rechazo del islamismo fue la esperable, poniendo de manifiesto algo que a fuer de evidente no es valorado: las democracias occidentales son laicas, mientras que los Estados islámicos no lo son, y esa diferencia de partida explica la incapacidad islámica para comprender (y respetar) el modo de vida de los países libres.
Ese razonamiento, perfectamente trasportable a España, y va más allá de la cuestión de la supuesta “libertad de elección” de las mujeres (sin entrar en que esa libertad es indemostrable, siendo, en cambio, seguro el ambiente de control y presión en el que viven las musulmanas). Es absurdo invocar las libertades individuales, sin antes pararse a contemplar la cantidad de violencia contra las mujeres que entraña la imposición de vestimentas.
Haríamos bien los españoles en no olvidar que el islamismo (del que participan muchos marroquíes) pretende que sus propias leyes sean respetadas en Estados de Derecho en los que rigen otras, y para lograr ese objetivo no ha dudado en hacer correr la sangre, en España y en otros Estados europeos.
He comenzado hablando de la difícil relación con Marruecos y termino extendiendo el tema a la presencia del islamismo en nuestro país y en nuestra vida cotidiana. El riesgo de violencia existe y ojalá nunca pase de ser solo un riesgo, igual que sucede con el peligro de un indeseable conflicto bélico con Marruecos, que debe evitarse a toda costa, pero sin arrodillar a España.

Alejandro ha fallecido en el día de hoy. 

Un jurista excepcional, como todos hemos tenido ocasión de comprobar ya sea en sus publicaciones ya sea en unas conferencias en las que no dejaba indiferente a nadie.

Su tesis doctoral sobre la “Ordenación de pastos, hierbas y rastrojeras” (1959), o su tan citado Bienes Comunales, de 1964 (con sus estudios muchos años después sobre el pleito de los bienes comunales de los montes de Toledo); anticipaban una calidad jurídica excelsa, que llega hasta sus últimos trabajos jurídicos.

Si hacemos un breve recorrido por su ingente producción científica, hay que citar sus obras más emblemáticas: la articulación de un Derecho administrativo sancionador proviene de su monografía y el “Arbitrio judicial” (2002) es la muestra de la mejor teoría del derecho. En este punto, también fue pionero su estudio sobre la inactividad administrativa y sus mecanismos de superación. 

Pero Alejandro es, también, un excelente conocedor de nuestra historia, desde la microhistoria de Tariego de Riopisuerga (1751-1799)  a su monumental Historia de la Regencia de María Cristina de Borbón -que le valió el Premio Nacional de Ensayo-, con su complemento sobre “los sucesos de Palacio” de 1843 -discurso de entrada en la Academia de Ciencias Morales y Políticas, bajo un cuadro severo de Isabel II, protagonista de dichos sucesos-, al excelente libro sobre Mendizábal, o su antiguo estudio de Plinio. 

Historia y derecho fueron unidos. Sus “Estudios históricos de Administración y derecho administrativo” son un ejemplo excelente de lo que es pensamiento analítico y crítico de la evolución del Derecho administrativo y su captura por los abogados en detrimento del interés general. En esta línea, también se encuentra el Derecho como límite del poder en la Edad Media.

De igual forma, el Derecho extranjero recibió su interés, tanto el estadounidense como el alemán o el francés. Y también hay que citar el género epistolar, en sus cartas con Tomás Ramón Fernandez, que dieron lugar a ese magnífico libro, “El Derecho y el revés”. Un género que no dejó de cultivar en privado con algunos de los que le hemos acompañado.

Un gestor público de la Universidad -Director de Departamento, Decano y Vicerrector en diversas universidades- y de la ciencia, siendo Presidente del CSIC en la transición. Asimismo, un gran conocedor de la Administración, su modernización, la burocracia y la administración prusiana. Pero son capitales (por usar una expresión tan suya) los trabajos sobre el desgobierno, judicial y de la administración, de lo público en general, y sobre la corrupción en la España democrática

Incluso, hay que recordar que fue un adelantado en el uso de la informática en las facultades de derecho aunque siguiera escribiendo las primeras versiones de sus escritos con su pluma. La calidad literaria tiene ahí su fuente.

Como se puede ver en estas líneas, su producción es inabarcable y un ejemplo para todos sus discípulos; incluso cuando renegaba del derecho, las leyes y los jueces. En los últimos tiempos, su interés jurídico (que no era el prevalente, ya que tenía un pie y medio en la historia) estaba en el Derecho practicado, más allá de las normas y las teorías. La última tesis que dirigió,  la de Roser Andreu, precisamente, es un ejemplo de ese derecho practicado en el campo de la transparencia administrativa.

Y sus escritos en los medios de comunicación, reflejan el desgarro por lo que él veía de desgobierno de lo público. Su “España en astillas” es un recopilatorio muy recomendable.

Su carácter universitario, se ve, entre otros aspectos, en que fue el impulsor de un seminario que pasó por diversas etapas en todas las Universidades en las que estuvo y que, en lo que hemos vivido en la UCM, que ahora dirige Carmen Chinchilla, es espectacular y que servía para que sometiéramos todo a la crítica. La cura de humildad del universitario que vive en su burbuja. Eso también era enseñanza universitaria. Haber sido director de departamento, decano y vicerrector muestra lo relevante que era para él hacer que otra universidad fuera posible.

En este sentido, el despacho 428 de la Facultad de Derecho de la UCM, nuestro despacho, el de Margarita, Alejandro y mío, fue testigo de muchas conversaciones a cada cual más interesante. Un despacho que también recuerda las primeras sesiones del seminario UCM y en las que hay que recordar a Jordi Nonell. Una experiencia que todos cuentan por igual en todas las Universidades en las que estuvo, en La Laguna, en la Autónoma de Barcelona o en Alcalá, antes de llegar a la UCM. Avelino Blasco, puede dar pruebas de ello en su paso por la UAB y Alcalá.

Para mí, no era sólo mi director de tesis. De hecho, aunque me marcó como jurista y como profesor de universidad e incluso como gestor público (recuerdo ese cuadro de juristas que me regaló cuando me nombraron Secretario General de la UCM, “para que te vigilen en el día a día” me dijo cuando me lo dio) no es lo más relevante.  

Nuestra relación es de hace muchos años, los que yo tengo, en donde él dio lo mejor que tenía; que era mucho. Estuvo en todos mis momentos universitarios y personales importantes, los buenos y los malos. Esto habla de su gran generosidad personal, incluso para perdonar mis ausencias excesivas de estos años. Una amistad que es equivalente a la familiar, aunque sea por el hecho de que mis padres y Alejandro y Erna compartieran piso en Madrid. 

Pero esto se transformaba, además, en una gran generosidad intelectual para forzarme a dar un paso más y no quedarnos en lo conocido, algo que iba más allá del derecho y lo que estuviera escribiendo en ese momento. El valor de dudar y el valor de criticar. No valía el siempre se ha hecho o dicho así. Ese valor intelectual, al tiempo que su capacidad para reinventarse, es una enseñanza imperecedera.

Por ello valoro mucho el sentido de la amistad que desarrollamos especialmente en aquellos viajes en coche después de las clases. La amistad es crítica, es de consejo, de comprensión y de conversación. Esto fue lo que tuvimos en el último viaje que hicimos juntos, un regalo que tuve desde Granada, hablando de todo y de nada y de lo que nos estaba ocurriendo. 

Por ello, el sentimiento es el de una inmensa tristeza y el de la fortuna por lo vivido y aprendido.

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